La huella imborrable del plomo

Fotografías y texto: Lissette Lemus

A 18 años del cierre de Baterías de El Salvador, conocida como fábrica Récord, un grupo de extrabajadores continúan exigiendo justicia. Los afectados padecen enfermedades crónicas que han afectado sus riñones, huesos y articulaciones, las cuales asocian con su trabajo en la empresa. 

Ellos piden una compensación económica por los daños en su salud por haber laborado en condiciones de riesgo expuestos al plomo y sometidos a una supervisión deficiente en materia de seguridad ocupacional. 

El doctor Rafael Aguirre, médico especialista que dirigió un estudio en 2012, explica que en el caso de los extrabajadores de la fábrica de baterías no se pudo determinar científicamente que las afectaciones de salud fueran provocadas por la exposición al plomo, debido a la falta de acceso a pruebas especializadas de toxicología. 

Los análisis de pulmones, cabello y piel, así como las biopsias de riñón e hígado, nunca se realizaron. A pesar de esto, Aguirre señala que la literatura médica y las investigaciones indican que la exposición prolongada al plomo se asocia con enfermedades como anemia, insuficiencia renal, cáncer y trastornos autoinmunes, como lupus y artritis reumatoide.

Según registros de la Asociación de Derechos Humanos Tutela Legal, Doctora María Julia Hernández, al menos 30 extrabajadores han sido diagnosticados con enfermedades crónicas de ese tipo y más de 100 residentes de Sitio del Niño presentan problemas de salud relacionados a la exposición al plomo.

Las personas habitantes de la zona aledaña a las instalaciones donde funcionó la planta en el cantón Sitio del Niño, San Juan Opico, también exigen el retiro del material contaminante que aún se encuentra en el lugar. Dentro de las bodegas abandonadas y vandalizadas aún se observa montones de chatarra,  equipos deteriorados y un volcán de escoria.

La planta de fundición y ensamblaje Baterías de El Salvador (conocida como la fábrica Récord) fue clausurada en 2007 tras una denuncia por contaminación con plomo. En 2020, un incendio dañó las instalaciones abandonadas. Hasta el día de hoy, restos de maquinaria y herramientas en el área de ensamblaje permanecen como recordatorios visibles del desastre ambiental.
Ana Blanco sostiene una fotografía de su hermano, Mario Blanco, quien falleció el 26 de noviembre de 2019, a los 65 años, tras ser diagnosticado con leucemia. Él vivía a menos de un kilómetro de la antigua planta y lideró el primer comité que denunció la contaminación.
Guillermo Hernández (53) trabajó durante 10 años en el departamento de fundición de la fábrica Récord y dejó de laborar en el lugar unos años antes del cierre.
Desde hace 10 años, Guillermo sufre fuertes dolores en las articulaciones. Las manos se le han ido deformando progresivamente. Él atribuye estos síntomas a la exposición al plomo y a las condiciones laborales inadecuadas el tiempo que laboró en la Récord.
Manuel Interiano (62) también trabajó durante siete años en el departamento de fundición de la fábrica Récord, pero renunció después que le encontraron niveles altos de plomo. Hace algunos años, fue diagnosticado con pie de Charcot.
Imagen radiológica en 3D que detalla el compromiso progresivo del pie y tobillo izquierdos de Manuel debido al pie de Charcot.
Ovidio Rodas Dueñas (57) pasó siete años trabajando en la fundición de la fábrica Record, soportando extenuantes jornadas de 12 horas; ahora padece insuficiencia renal crónica.
Primer plano del catéter colocado en su cuerpo para recibir diálisis. “Antes de trabajar allí, era una persona sana; no tenía ningún problema”, dice Ovidio.
Los residentes de Sitio del Niño exigen al Estado salvadoreño que retire todo lo que permanece dentro de las instalaciones, incluyendo maquinaria, herramientas y desechos.

Este trabajo fue realizado para la Red Centroamericana de Periodistas, gracias al apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo en Guatemala (AECID), con la asistencia administrativa del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP). La primera versión fue publicada en Malayerba.

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